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2011-07-08


La deuda norteamericana

Por primera vez en la historia, la agencia calificadora Standar & Poor’s pasó de estable a negativa la perspectiva de calificación de la deuda norteamericana puesto que “duda de la capacidad de la clase política estadounidense de enfrentar el déficit presupuestario”. El economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, declaró que Estados Unidos no tiene un plan creíble para reducir el déficit fiscal.

El índice de riesgo país que maneja JP Morgan Chase se basa en la calificación de riesgo cero para los Bonos de Tesoro norteamericano y a partir de allí considera la sobretasa que deben pagar los bonos de cualquier otro país. Gracias a este supuesto riesgo “nulo” vinculado a la calificación de su deuda, Estados Unidos puede financiar sus déficits mediante la colocación de Bonos del Tesoro y sostiene su deuda porque en el mundo hay una gran demanda de estos bonos que representan, al menos en términos relativos, un activo seguro. Como el interés de los títulos se calcula en función directa al riesgo, los Bonos del Tesoro pagan un interés muy bajo. Si bien resulta altamente improbable una cesación de pagos por parte de Estados Unidos porque es quién emite los dólares que continúan siendo la moneda de reserva mundial, no es menos cierto que las medidas de relajación cuantitativa y de bajas tasas de interés incentivan un proceso continuo de devaluación del dólar que opera como mecanismo encubierto de default. Esto significa que en términos reales todos los tenedores de deuda en dólares sufren descuentos de hecho aún cuando en términos nominales no estén frente a la amenaza de dejar de cobrar ni de cobrar menos.

Actualmente, de los aproximadamente 9 billones en obligaciones y Bonos de Tesoro emitidos por la Reserva Federal, el 60% está en manos de fondos soberanos y de la propia FED mientras que inversores privados poseen sólo el 40%. Como el Tesoro de Estados Unidos emite los títulos y la FED los compra mediante la emisión de dólares, desde el QE2, cerca del 70% de esos títulos han sido adquiridos por la propia FED (1). China, por ejemplo, coloca la mayor parte de su creciente acumulación de divisas en Bonos del Tesoro Norteamericano. Si bien el gigante asiático ha venido diversificando su cartera de bonos tanto para obtener un rédito mayor como para prevenir estallidos en determinadas regiones del planeta funcionales a sus intereses comerciales y está incrementando sus inversiones en el extranjero como muestran los ejemplos de Brasil, Argentina, España y Portugal, existen pocos mercados alternativos para la inversión rentable. Es por ello que China que posee alrededor de 1,15 billones de dólares en Bonos del Tesoro, continúa destinando la mayor parte del incremento de sus reservas a ese activo. Esto significa que el plusvalor producido por China (o mejor dicho por los obreros chinos), se encuentra frente a escasas posibilidades de acumulación y la forma de “preservarlo” consiste en depositarlo en papeles que son en gran parte producto de una maniobra contable de Estados Unidos. En la medida en que el dólar se devalúa, dicho capital permanece preso de un proceso persistente de pérdida de valor. Pero una disminución efectiva de la nota de la deuda de Estados Unidos, implicaría una caída en el precio de los bonos en términos nominales y un incremento del riesgo que supone poseerlos. Este es uno de los temores de China que se intensificó con los anuncios de S&P y que la ha llevado a solicitar a EEUU “medidas responsables” sobre su deuda.

El “apriete” a dos puntas tanto del S&P como del FMI parece ser más bien una “presión-colaboración” con las actuales necesidades de Obama y los Demócratas de reducir la enorme carga de la deuda pública y el déficit fiscal mediante medidas de ajuste, contra su discurso, en el contexto de un período electoral. Pero a su vez, la política de S&P como también de PIMCO, el más grande fondo de inversión del mundo que anunció una drástica reducción de su exposición a los bonos del gobierno norteamericano, está orientada a influir sobre la política monetaria norteamericana. PIMCO busca forzar una caída en el precio de los títulos y un incremento del rendimiento para retomar una posición compradora realizando espectaculares ganancias. Luego de que el Estado lo salvó de la bancarrota, el capital financiero presiona por el ajuste y ataca a sus propios rescatistas.

Los anuncios de Bernanke y el estado de la economía

Sin embargo, los recientes anuncios del presidente de la FED, relativos a que al menos hasta septiembre mantendrá en los bajísimos niveles actuales las tasas de interés y que el programa de emisión monetaria continuará hasta su finalización (aunque en principio no estaría en agenda un QE3), son prueba de la gran dependencia del estado de “salud” de la economía norteamericana de los programas de asistencia estatal y de la devaluación del dólar. Los anuncios se acompañaron de la revisión a la baja de los pronósticos de crecimiento de la economía norteamericana del 3,4/3,9% para el corriente año al 3,1/3,3% en el mejor de los escenarios (2). El encarecimiento de la energía y los alimentos así como el incremento del precio de las materias primas son factores centrales que están afectando tanto al consumo (3) que representa el 70% del PBI norteamericano, como la inversión de las empresas.

Lo que sucede es que Estados Unidos está sufriendo por la vía de una incipiente estanflación, las consecuencias de las masivas inyecciones monetarias conocidas como QE2. Si inicialmente la relajación cuantitativa fortaleció la economía norteamericana permitiéndole una persistente desvalorización del dólar mejorando su balanza comercial, inundando el mundo de dólares e impulsando la revaluación de las monedas de los países receptores, a su vez, estas masas de capital líquido en un contexto de inseguridad general y escasas oportunidades de inversión, desarrollaron nuevas burbujas en los mercados a futuro. Este es el caso de los alimentos, el petróleo, el oro y las materias primas en general. Las presiones inflacionarias resultantes actuaron como detonante de la convulsiva situación del Norte de África pero lentamente están también minando las bases de la recuperación de la economía norteamericana. El incremento de la inflación está provocando el alza del déficit comercial que se combina con la depresión del mercado de vivienda, la reducción del gasto público, la desaceleración del consumo y la inversión. En Estados Unidos convergen una lenta pero persistente inflación que se incrementó un 3,8% en el trimestre representando la mayor alza desde el tercer trimestre de 2008 cuando estalló la crisis económica mundial, con tendencias a la desaceleración de la economía.

Esta situación de incipiente estanflación se produce al mismo tiempo que el problema de deuda aparece como el más agudo y que tanto Demócratas, como Republicanos, agencias calificadoras y fondos de inversión señalan que el nivel de déficit fiscal resulta insostenible.

La gran contradicción consiste en una especie de callejón sin salida para el Estado Mayor norteamericano: un retiro de las medidas de estímulo redundaría en una recaída en la recesión y un incremento de la lucha de clases, su continuidad puede inducir en el mediano plazo a un estallido de una serie de burbujas, entre ellas la de la deuda, una desvalorización severa de los Bonos del Tesoro y la incapacidad de Estados Unidos de seguir tomando deuda.

Europa: entre la restructuración y el default

La reciente crisis política de Portugal que acabó solicitando un rescate a la UE que ascendería a 78.000 millones de euros, puso al desnudo nuevamente la severa crisis económica por la que atraviesa la zona. En las recientes elecciones parlamentarias de Finlandia, la muy buena elección del euro escéptico y xenófobo Timo Soini, plantea la posibilidad de que el parlamento no apruebe el rescate a Portugal, con lo cual el mecanismo de “salvataje” podría quedar bloqueado. Aunque como es muy probable, esto finalmente no suceda, resulta un elemento crítico que empeora la situación. Al mismo tiempo se desarrollan una serie de rumores y desmentidas alrededor de la “oportunidad” de una restructuración de la deuda griega que implicaría una quita de aproximadamente un 40%. Más como consecuencia que a pesar de los durísimos ajustes a los cuales fue sometida la economía griega a cambio del “rescate”, su deuda es ostensiblemente impagable. Como consecuencia de la recesión el déficit trepó al 10,5% del PBI y según se calcula, la deuda pública alcanzará el 160% el año próximo, la desocupación se encuentra en 15% y la contracción de la economía pronosticada para 2011 es del 3% representado el tercer año consecutivo de recesión. Grecia está volviendo a la situación inicial cuando tuvo que ser “rescatada”. Si Grecia no logra una quita de su deuda, va a entrar en cesación de pagos cuestión que pondría nuevamente en peligro al conjunto de la zona euro.

El ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, declaró que Grecia debería tomar medidas adicionales, entre las que podía incluirse la reestructuración de su deuda. Sin embargo el economista jefe del Banco Central Europeo, Jurgen Stark, manifestó que “la reestructuración de la deuda de un Estado miembro podría ensombrecer los efectos que generó Lehman”.

El problema es que tanto un default como una reestructuración generarían una reacción en cadena de todos los “PIGS” y el gran peligro radica aquí en el más temido de ellos: España. Su economía es mayor que la suma de las de Grecia, Portugal e Irlanda y sus bancos son los principales acreedores de la deuda portuguesa. La economía del Estado Español se contrajo un 0,1% durante 2010 y el paro acaba de superar el 22% con lo que más que duplica la media europea. Una caída en cadena ya sea por la vía del default o de una serie de quitas resultaría fatal para los países centrales de la Eurozona dado que la exposición de sus bancas en la banca “pobre” de Europa, es clave. La banca francesa tiene una exposición a la deuda soberana de los “PIGS” del 16% de su PBI y la banca alemana, del 15%. Si se tiene en cuenta que el sector bancario representa aproximadamente un 40% de las economías de Francia y Alemania, se concluye que un default afectaría en aproximadamente un 6,4% al PBI de Francia y en un 6% al PBI de Alemania (4) lo que significaría una seria recesión en los principales países centrales de Europa y una situación que volvería insostenible la continuidad del euro. Es por ello que en la zona se viene gestando una suerte de default encubierto. Desde mayo de 2010 el Banco Central Europeo compra títulos depreciados de deuda de Portugal, Irlanda, Grecia y España apelando al mecanismo denominado Bonds Purchasing Programme. A medida que la crisis de la deuda europea se fue agravando, los bancos, fondos de inversión y financistas privados comenzaron a desprenderse de los bonos a su valor nominal pero para evitar derrumbes de los valores como los ocurridos en EEUU con la crisis subprime, aceptan venderlos con descuentos que oscilan entre el 10 y el 30%. El BCE es el único comprador de esos títulos llegando a atesorar bonos por 77.500 millones de euros con lo que asume el riesgo de grandes pérdidas. La idea del Presidente del BCE, J.C. Trichet, era transferir esta responsabilidad al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Pero despuntó la crisis de Portugal y la cadena de “desgracias” que la sucedieron. El rescate a Portugal absorberá una gran parte de los recursos del Fondo Europeo que estaban destinados a la compra de deuda con lo cual la estrategia de Trichet se vuelve inviable. Aunque el volumen de deuda griego es imposible de asumir y tarde o temprano habrá restructuración, tanto una suspensión de pagos como una reestructuración en cualquiera de los países en cuestión, “levantaría las expectativas de replicarse en otros países”, “abriría un nuevo capítulo de la crisis financiera mundial”, y “exigiría nuevas inyecciones de capitales públicos en la banca” (5) por ello el BCE, mientras pueda, continuará con el mecanismo de default encubierto.

Tendencias

La cuestión de las deudas de los estados, uno de los mecanismos fundamentales que evitó que la recesión mundial desatada a fines de 2008 se convirtiera en depresión representa, como los elementos de crisis de deuda a ambos lados del Atlántico están poniendo en evidencia, uno de los eslabones débiles de la recuperación (6). A su vez, la desigualdad en los ritmos de crecimiento entre los países centrales y aquellos dependientes o semi-coloniales, que también actuó como factor que permitió la recuperación, resulta otro factor de serios desequilibrios (7). Esta desigualdad que generó un proceso inflacionario en la periferia, una de las causas de los actuales procesos convulsivos en el Norte de África, hoy está alimentando tendencias a la estanflación en los países centrales. Ambos aspectos prometen un incremento de reestructuraciones de deuda, posibles defaults y nuevos ajustes que ponen en cuestión la inestable recuperación en curso y que muy probablemente tenderán a unificar, al menos en el mediano plazo, las tendencias a un incremento de la lucha de clases no ya solamente en el Norte de África sino también en Europa y Estados Unidos.

por Paula Bach, FT-CI; primero publicado aquí el 5 de mayo 2011.

Notas

1. Libre Mercado, 14/04/2011.
2. El ritmo de crecimiento se redujo del 3,1% de fines de 2010 a 1,8% durante el primer trimestre de 2011.
3. Creció 2,7% este trimestre frente a 3,5% del trimestre precedente.
4. Datos extraídos de El País, 28/04/2011.
5. El País, 28/04/2011.
6. Ver Estrategia Internacional Nº 27.
7. Idem.



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